7. SALUD PÚBLICA EN EMERGENCIAS Y DESASTRES

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Figura 3. Distribución porcentual de los casos de mortalidad por emergencias y desastres, según sexo. Antioquia 2005-2014

Figura 3  Distribucion porcentual de los casos de mortalidad por emergencias y desastres segun sexo

Fuente: DANE, procesa Secretaría Seccional de Salud y Protección social de Antioquia-Información preliminar

En cuanto al sexo, son los hombres los que más aporta en cuanto a víctimas, ya que presentan los mayores porcentajes en eventos como conflicto interno, otras formas de violencia, accidentes de tránsito, cambio climático, entre otros.

Figura 4. Distribución porcentual de los casos de mortalidad por emergencias y desastres, según área de ocurrencia. Antioquia 2005-2014.

Figura 4  Distribucion porcentual de los casos de mortalidad por emergencias y desastres segun area de ocurrencia  Antioquia 2005 2014

Fuente: DANE, procesa Secretaría Seccional de Salud y Protección social de Antioquia-Información preliminar

Se observa una distribución similar tanto en área rural como urbana. La rural más afectada en cuanto a eventos por cambio climático y conflicto armado interno. La urbana más afectada con el tema de accidentes de tránsito, eventos de tipo tecnológico, violencia urbana, entre otros.

Figura 5. Distribución porcentual de los casos de mortalidad por emergencias y desastres, según afiliación al Sistema General de Seguridad Social en Salud. Antioquia 2005-2014.

Figura 5  Distribucion porcentual de los casos de mortalidad por emergencias y desastres segun afiliacion al Sistema General de Seguridad Social en Salud Antioquia 2005 2014

Fuente: DANE, procesa Secretaría Seccional de Salud y Protección social de Antioquia-Información preliminar

En cuanto a la afiliación, el mayor porcentaje corresponde al régimen subsidiado de los municipios periféricos (especialmente área rural) ya que en su mayoría son población pobre con sisbén 1 y 2; a nivel del Área Metropolitana el mayor porcentaje corresponde al régimen contributivo (mayor población activa laboralmente).

Figura 6. Distribución porcentual de los casos de mortalidad por emergencias y desastres, según grupo de edad. Antioquia 2005-2014.

Figura 6  Distribucion porcentual de los casos de mortalidad por emergencias y desastres segun grupo de edad  Antioquia 2005 2014

Fuente: DANE, procesa Secretaría Seccional de Salud y Protección social de Antioquia-Información preliminar

La mortalidad por emergencias y desastres en los grupos de edad se observa más en el rango entre 15 y 44 años, con pico en el rango de 20 a 24 años.

Corresponde a la población en el rango de económicamente activa y por tanto se va a ver más expuesta a ciertos eventos.

Porcentaje de cumplimiento de estándares de seguridad hospitalaria

En Antioquia, no se tiene calculado el Índice de Seguridad Hospitalaria –ISH-en ninguna de las Empresas Sociales del Estado, para determinar el porcentaje de cumplimiento de estándares de seguridad hospitalaria.

La determinación del Índice de Seguridad Hospitalaria – ISH, permite una estimación aproximada de la situación de seguridad de la Institución Prestadora de Servicios de Salud –IPS- evaluada, teniendo en cuenta el entorno y la red de servicios de salud en la que se encuentra y está diseñado para orientar decisiones y monitorear la vulnerabilidad de las instalaciones de salud y funcionamiento en el tiempo, pero no constituye un valor definitivo de la capacidad del establecimiento de salud para continuar prestando servicios durante y posterior a un evento desastroso, pues para ello se requieren estudios detallados de vulnerabilidad, que incluyan los cuatro componentes: amenazas, vulnerabilidad estructural, vulnerabilidad no estructural y vulnerabilidad organizativo-funcional (ver tabla).

Tabla 3. Definición de indicadores de seguridad

Tabla 3 Definicion de indicadores de seguridad

Fuente: CRUE

Con base en lo anterior, no se dispone a la fecha de una línea de base para este indicador en el período analizado 2010-2014.

Está dentro de los Indicadores a desarrollar en el Plan Decenal de Salud Pública para, empezarlo a trabajar en el 2016.

Porcentaje de cumplimiento del estándar de suministro de sangre y componentes sanguíneos seguros

A la fecha no se dispone de una línea de base para este indicador en el período analizado 2010-2014.

Está dentro de los Indicadores a desarrollar en el Plan Decenal de Salud Pública para, empezarlo a trabajar en el 2016.

7.7 Riesgo hospitalario

Los desastres ocasionan daños intensos a las comunidades y requieren que sus servicios críticos continúen operando para proteger la vida y el bienestar de la población, en especial en los momentos inmediatamente después de ocurrido el evento adverso. El funcionamiento ininterrumpido de los servicios de salud suele marcar la diferencia entre la vida y la muerte y, por lo tanto, es prioritario lograr que todos los establecimientos de salud cuenten con una edificación que sea resistente a los embates de los fenómenos naturales, que su equipamiento no sufra daños, que sus líneas vitales (agua, electricidad, gases medicinales, etc.) sigan funcionando y que su personal sea capaz de continuar brindando atención médica en los momentos que más se necesita.

Los países de las Américas y de todos los otros continentes, acordaron adoptar “hospitales seguros frente a los desastres” como una política nacional de reducción de riesgos con el fin de lograr que todos los hospitales nuevos se construyan con un nivel de protección que garantice mejor su capacidad de seguir funcionando en las situaciones de desastre, y que implanten medidas adecuadas de mitigación para reforzar los establecimientos de salud existentes, especialmente los que brindan atención primaria.

El hospital seguro es un establecimiento de salud cuyos servicios permanecen accesibles y funcionando a su máxima capacidad instalada, y en la misma infraestructura, inmediatamente después de un fenómeno destructivo de origen natural.

 El índice de seguridad hospitalaria es una herramienta de evaluación que permite contar con una estimación general y aproximada de la situación de seguridad del establecimiento de salud evaluado, tomando en cuenta su entorno y la red de servicios de salud en la que se encuentra. En términos comparativos, es como tomar una “fotografía borrosa” del hospital pero que proporciona los elementos básicos necesarios para identificar las características del establecimiento y confirmar o descartar la presencia de riesgos inminentes.

Está diseñado para orientar la decisión y monitorear la evolución de la vulnerabilidad de las instalaciones de salud en el tiempo, pero no constituye un valor definitivo de la capacidad del establecimiento de salud, pues para ello se requieren estudios detallados de vulnerabilidad que incluyan los cuatro componentes: estudios de amenazas, de vulnerabilidad estructural, de vulnerabilidad no estructural y de vulnerabilidad organizativo-funcional.

Casi todas las comunidades son vulnerables a una amplia variedad de fenómenos adversos, tanto de origen natural como provocados por la actividad humana, por ejemplo, huracanes, inundaciones, terremotos, incendios forestales, sequías, erupciones volcánicas, accidentes químicos, atentados terroristas y brotes epidémicos, entre otros.

Todos estos eventos adversos causan una disrupción de la vida cotidiana de una comunidad y producen una serie de efectos humanos y materiales: viviendas destruidas, aislamiento de la comunidad, pérdida de animales domésticos, de trabajo y de negocio, producción agrícola y artesanal afectada, desorganización, pérdida de servicios básicos, desaparecidos, heridos y muertos.

Los desastres no son naturales. El riesgo de desastre, que es la probabilidad de que se presenten daños que superan la capacidad de respuesta de la comunidad afectada, está en función de la amenaza y la vulnerabilidad. La amenaza, que es la probabilidad de que ocurra un fenómeno potencialmente dañino, interactúa con la vulnerabilidad que, a su vez corresponde al grado de predisposición o susceptibilidad que tiene la comunidad de ser dañada por la amenaza.

La amenaza puede ser de origen natural o de la actividad humana, pero la vulnerabilidad es siempre expresión de la condición generada por la acción humana a través de la planificación, construcción y desarrollo de asentamientos humanos con mayor o menor resistencia frente a las amenazas que se presentan en el área geográfica donde se encuentra ubicada la comunidad.

La extensión y gravedad de los daños de un evento adverso es inversamente proporcional al grado de resistencia de una comunidad. Mientras mayor sea la resistencia, menores daños y viceversa. Finalmente, la capacidad de respuesta para enfrentar dichos daños determina si un evento adverso constituye una emergencia o un desastre.

Por lo tanto, la probabilidad de daños y la capacidad de respuesta están determinadas por la actividad humana. Entre los principales factores que influyen en el riesgo de emergencias y desastres se encuentran: la vulnerabilidad humana expresada principalmente en los niveles de pobreza y desigualdad social; el rápido crecimiento de la población, principalmente pobres que se ubican en zonas con variadas amenazas naturales, como lechos y riveras de ríos, y laderas, entre otros; la creciente degradación ambiental, en particular, la relacionada con el mal uso de la tierra y su impacto en el cambio climático; y la falta de planificación y alerta temprana.

Los desastres, por lo tanto, sí “respetan” fronteras y condiciones sociales. Los desastres ocasionan proporcionalmente más daño a los países en vías de desarrollo y a las comunidades con menos recursos. Los huracanes podrían impactar dos países o comunidades con la misma magnitud de vientos y generar lluvias torrenciales de las mismas características; sin embargo, los daños a la vida, infraestructura, servicios de salud y otros, suelen ser muy diferentes, pues son directamente proporcionales al grado de vulnerabilidad de las poblaciones.

Según los datos proporcionados por los Estados Miembros de la OPS/OMS, 67% de sus cerca de 18.000 hospitales están ubicados en zonas de riesgo de desastres. En el último decenio, cerca de 24 millones de personas en las Américas quedaron sin atención de salud durante meses, y a veces años, debido a los daños causados directamente por un desastre. En promedio, un hospital que no funciona en la región deja a unas 200.000 personas sin atención de salud y la pérdida de los servicios de urgencias durante los desastres disminuye considerablemente la posibilidad de salvar vidas.

En un informe preparado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas se calcula que la región perdió más de US$ 3.120 millones en 15 años por causa de los daños a la infraestructura sanitaria. Se calcula que las pérdidas indirectas son considerablemente mayores cuando se mide el aumento de los costos sanitarios para los millones de personas que quedaron sin servicios de salud durante un período prolongado.

El trastorno funcional es la principal causa de falta de servicio de los hospitales después de un desastre; sólo una pequeña proporción de hospitales deja de funcionar por causa de los daños estructurales. Si bien las medidas necesarias para la prevención del desplome de las funciones requieren una inversión significativamente menor, siguen representando un importante desafío en los planos técnico, político y de gestión.

Los fenómenos naturales no son la causa exclusiva del trastorno funcional de los hospitales. La razón principal de la caída de la infraestructura sanitaria y las defunciones resultantes es el hecho de que los hospitales se construyen sin tener en cuenta las amenazas naturales y los sistemas se deterioran progresivamente debido a la falta de mantenimiento en el transcurso del tiempo. Sin embargo, el aspecto positivo de la situación es que esta tendencia creciente de la vulnerabilidad de los establecimientos de salud se puede revertir mediante un apoyo político sostenido, según lo han demostrado varios estudios.

Los tres niveles de protección para el diseño de nuevos establecimientos de salud son:

I) proteger la vida de los pacientes, y personal de la institución;

II) proteger la inversión en equipamiento e instalaciones.

III) proteger la función del establecimiento de salud en caso de desastre.

Con la implementación de la política de “hospital seguro frente a los desastres”, se pretende garantizar que las instalaciones hospitalarias ante un desastre, no sólo permanezcan de pie, sino que, además, continúen trabajando de manera efectiva e ininterrumpida, con posibilidades de aumentar su capacidad de atención, favoreciendo el uso óptimo de los recursos existentes y contando de manera simultánea con personal perfectamente capacitado para proporcionar apoyo con calidad, calidez y equidad a las víctimas.

 En Antioquia, se ha logrado evaluar a la fecha el 10% de la red pública hospitalaria del departamento, y según este estudio, se pudo identificar cinco tipos de amenazas que pueden poner en peligro las estructuras físicas de estas Empresas Sociales del estado.

 De acuerdo con lo anterior se puede observar en la siguiente tabla dos factores criticos y amenazantes, la falla geologica y el derrumbe o talud, ambas suman el 42.9% y pueden causar graves daños a la estructura fisica hospitalaria, poniendo en riesgo su seguridad. De los otros tres factores, cuatro se relacionan con el caudal de los rios y posibles inundaciones, suamando el 28%. El ultimo factor lo constituyen el agrietamiento o presencia de fisuras por asentamiento del terreno.

Tabla 4. Infraestructura hospitalaria evaluada y reportada en riesgo por factores climáticos y naturales. Antioquia 2014.

Tabla 4  Infraestructura hospitalaria  evaluada y reportada en riesgo por factores climaticos y naturales Antioquia 2014

Fuente: Calidad y Red de Servicios.

NOTA: resulta un riesgo importante , el de colapso de las estructuras por movimientos sísmicos de gran magnitud, la mayoría de las poblaciones del departamento de Antioquia se encuentran ubicadas en zonas de riesgo medio y alto en lo referente a zonas de ocurrencia de eventos sísmicos, el 97% de los hospitales públicos fueron construidos antes de la Norma Sismo Resistente 2010, a excepción de los hospitales nuevos, muy pocos hospitales de primer nivel de complejidad públicos han realizado unos y actualizado otros los estudios de vulnerabilidad sísmica que demanda esta norma, encontrando casos de infraestructuras todavía en tapia como el municipio de San Jerónimo, Peque y Caramanta, y estructuras de difícil intervención por patrimonio arquitectónico como el Hospital del municipio de Jardín.

Tampoco ningún hospital de mediana complejidad público ha actualizado el estudio de este tipo realizado desde 1998 por el Ministerio de Salud, encontrando estructuras muy viejas como los casos de Puerto Berrio y Rionegro.

7.8 Conclusiones

La débil capacidad de gestión administrativa sectorial e intersectorial a nivel local y departamental, ha generado que la gestión integral del riesgo y la respuesta en salud ante situaciones de urgencia, emergencias en salud pública y desastres sea limitada a nivel de todas las subregiones del departamento, exponiendo a la población a grave afectación ante los riesgos debido a que los recursos humanos, económicos y logísticos son limitados; no se socializan ni articulan los planes de emergencia municipal y hospitalarios; el conocimiento, identificación, priorización y reducción de los riesgos no es el adecuado porque faltan más acciones de promoción y prevención, al igual que las acciones de mitigación.

Faltan desarrollos en las capacidades básicas de los municipios para la vigilancia y respuesta a emergencias de salud pública de importancia internacional; la no disposición oportuna, suficiente y segura de sangre y componentes sanguíneos, y que el 100% de las instituciones de salud no tienen capacidad de respuesta ante emergencias y desastres, poniendo en riesgo la vida y la salud de la población, especialmente la más vulnerable -niños y niñas, adulto mayor, personas en condición de discapacidad, víctimas del conflicto armado y de otros hechos victimizantes-, además de grandes pérdidas económicas, sociales, ambientales y de la infraestructura física.

Teniendo en cuenta el objetivo de la gestión del riesgo en sus componentes de gestión integral y respuesta en salud ante situaciones de emergencias y cuyo fin es proteger la vida de las personas y el ambiente, se debe enfocar los esfuerzos al fortalecimiento de las capacidades sociales e institucionales para  lograr  mejores  condiciones  de  salud individual y colectiva, asegurando un sistema en salud enfocado en las personas y sus necesidades y en el logro de resultados en salud, para llegar a cero tolerancia a la mortalidad en eventos de emergencias y desastres.